Francisco Parada y estudiantes UDP desarrollan innovadora investigación que conecta neurociencia y arquitectura en Refugio TAWA

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El académico de la Facultad de Psicología UDP Francisco Parada encabezó una investigación en Refugio TAWA que utilizó herramientas de neurociencia móvil para estudiar la relación entre cerebro, cuerpo y entorno en un espacio arquitectónico real. La iniciativa reunió estudiantes de pre y posgrado y especialistas de distintas disciplinas.

20 / 08 / 2026

¿Cómo influye el espacio que habitamos en nuestra manera de sentir, pensar y actuar? Esa pregunta llevó a un equipo de la Facultad de Psicología de la Universidad Diego Portales hasta Refugio TAWA, ubicado en Cochamó, región de Los Lagos, donde desarrollaron una expedición científica para estudiar la relación entre arquitectura y experiencia humana.

La investigación fue encabezada por Francisco Parada, académico de la Facultad de Psicología UDP y director del Centro de Estudios en Neurociencia Humana y Neuropsicología (CENHN), y contó con la participación de Amanda Grado y Nayra Capetillo, estudiantes de pregrado, y Josefina Mattoli, recién titulada, todas vinculadas al Centro, además de Antonia Pellegrini, arquitecta responsable del diseño de Refugio TAWA y estudiante de magíster en una universidad de Venecia, Italia, cuya tesis es supervisada por Parada.

Durante la expedición, el equipo registró simultáneamente actividad cerebral, cardíaca, dirección de la mirada, movimiento y relatos de los participantes mientras recorrían distintos espacios del edificio. “El objetivo de esta investigación es comprender cómo la arquitectura participa en la construcción de la experiencia humana. Queremos estudiar cómo las personas perciben, recorren y habitan un espacio, integrando medidas de actividad cerebral, movimiento, mirada y relatos de los propios participantes en un contexto completamente real”, explicó Parada.

Esta aproximación parte de entender la experiencia humana como un fenómeno que no puede estudiarse únicamente a partir de la actividad cerebral. “La cognición no es algo que ocurra solo en el cerebro, sino que es un proceso que depende del cerebro en interacción con el cuerpo y con el ambiente”, explicó Josefina Mattoli. En ese sentido, destacó que llevar el estudio a un escenario real permite incorporar parte de la complejidad que inevitablemente queda fuera de los ambientes controlados de laboratorio.

Para Parada, estudiar esta relación resulta especialmente relevante considerando cuánto de nuestra vida transcurre en entornos construidos y cuánto queda todavía por comprender sobre sus efectos. “Sabemos muy poco sobre cómo esos entornos influyen en nuestra forma de percibir, sentir, pensar e interactuar. Comprender esa relación puede contribuir a diseñar espacios que promuevan bienestar, encuentro y una mejor calidad de vida en general”, sostuvo.

Neurociencia fuera del laboratorio

Una de las principales particularidades de la expedición fue trasladar las herramientas de la neurociencia a un escenario cotidiano, permitiendo estudiar a las personas mientras interactuaban libremente con un edificio. “Lo novedoso es que llevamos la neurociencia fuera del laboratorio completamente. Es primera vez que se hace este tipo de expedición —de esta forma tan radical— en el hemisferio sur”, destacó Parada.

Para ello, el equipo utilizó Mobile Brain/Body Imaging (MoBI), metodología que permite integrar diferentes registros neurofisiológicos y corporales mientras una persona se encuentra en movimiento. Las mediciones se realizaron durante un recorrido por distintos espacios de TAWA, desde la entrada hasta el refugio y las habitaciones, observando cómo respondía la fisiología de los participantes ante elementos como la materialidad, la luz y el paisaje.

Para Josefina, esta aproximación permite estudiar la experiencia humana incorporando dimensiones que difícilmente pueden reproducirse en condiciones controladas. “El espacio en el que estamos influye en cómo nos orientamos, qué decisiones tomamos, cómo nos sentimos y cómo actuamos en general. Este proyecto busca sacar la neurociencia del laboratorio y estudiar el sistema entero: el cerebro, el cuerpo, los movimientos y el espacio (…) y así acercamos la neurociencia a problemas que son humanos y urbanos de la vida real”, explicó.

Nayra Capetillo, por su parte, destacó precisamente esa dimensión de la experiencia: “Esta experiencia nos ha permitido explorar cómo es realmente tomar la experiencia humana desde la ciencia en un espacio que es real, y eso trae un montón de desafíos que son nuevos. Esa novedad de ir resolviendo problemas que ocurren en la vida real me pareció súper interesante, motivadora y una experiencia muy enriquecedora”.

El trabajo en terreno marca solo la primera etapa del proyecto, que contó con el financiamiento de CMPC y Refugio TAWA. Ahora el equipo deberá procesar, analizar y modelar los datos neurofisiológicos, conductuales y cualitativos obtenidos durante la expedición. Los resultados formarán parte de la tesis de magíster de Pellegrini y del trabajo final de práctica de Grado, y el equipo espera que posteriormente puedan traducirse en publicaciones científicas, presentaciones en congresos internacionales y, eventualmente, un minidocumental.