Juan Pablo Pinto - El Desconcierto
26 / 01 / 2026
“El río no solo es un cauce que atraviesa nuestra gran ciudad, también es un archivo sociomaterial de nuestra vida e historia social. En el Mapocho confluyen no solo sedimentos cordilleranos y desechos industriales —un híbrido entre lo natural y no natural—, sino también residuos químicos de una sociedad que ha normalizado la gestión del malestar a través de fármacos.
“Históricamente esta arteria de la naturaleza santiaguina ha sido intervenida, canalizada y encauzada, también corregida; es decir, se le ha exigido orden y funcionalidad, al igual que al ciudadano. El uso desregulado de psicofármacos para el sufrimiento psíquico parece soslayar la pregunta sobre las condiciones materiales y sociales que lo producen. La gestión del dolor y el malestar en el propio cuerpo permite ese encauzamiento químico, que permite alcanzar y sostener cierto orden y funcionalidad”.
“Ahora bien, el río devuelve lo que recibe: los residuos farmacológicos no desaparecen, sino que se acumulan, haciéndose parte de una biodiversidad trastocada. Pensar ahora el Mapocho como humedal urbano implica también reconocerlo como espejo de la sociedad que atraviesa, y de las prácticas, costumbres y modos de gestión subjetiva de las personas que habitan la ciudad”.
