Columna de Cristian Ortega y Alemka Tomicic: ¿Decir o no decir? Una encrucijada para la salud mental en VIH

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Cristian Ortega y Alemka Tomicic - The Clinic

01 / 12 / 2023

El Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) no ha dejado de ser un problema de salud pública. De acuerdo con los datos disponibles de ONUSIDA, se estima que alrededor de 100.000 personas viven con VIH en Chile.

Aún cuando los métodos para reducir la probabilidad de adquisición del virus son conocidos -a falta de una política pública de educación sexual integral y prevención de enfermedades de transmisión sexual– en los últimos diez años la cifra de personas diagnosticadas con VIH ha aumentado.

Hoy en día, ninguna persona debiese morir por enfermedades relacionadas al SIDA (la última fase del VIH), debido a que el tratamiento farmacológico antiretroviral (TARV) está incluido como una de las prestaciones de las Garantías Explícitas en Salud (GES).

El TARV no sólo reduce la mortalidad y morbilidad de esta enfermedad, sino que también mejora la calidad de vida de las personas que viven con VIH. Por esta razón, en términos biomédicos, deberíamos respirar con alivio. Sin embargo, este respiro se interrumpe cuando consideramos los determinantes y factores psicosociales que tienen incidencia sobre la salud mental de las personas VIH positivas.

La evidencia muestra que vivir con VIH trae aparejados problemas de salud mental, los que tienen una mayor prevalencia cuando se les compara con personas que no viven con el virus. La presencia de más sintomatología depresiva, ansiosa, mayor abuso de sustancias y más comportamiento suicida, son ejemplos de esta disparidad en salud.

A su vez, estos problemas de salud mental, se asocian con una menor adherencia al tratamiento farmacológico, lo que implica dificultad en el logro de la indetectabilidad (niveles no cuantificables de virus en sangre por análisis convencionales) y, en consecuencia, mayor posibilidad de transmisión del VIH.

Como hemos aprendido en el trabajo conjunto con el Hospital Lucio Córdova y su Unidad de VIH, los indicadores negativos de salud mental en personas que viven con el virus no se explican por una relación causal directa.

Esto quiere decir que el VIH, en sí mismo, no es el responsable —en la gran mayoría de los casos— de los trastornos emocionales. Los prejuicios, estigmas, y discriminaciones que suelen percibir o anticipar en sus entornos cercanos y contexto social más amplio, han sido sindicados como el origen de los trastornos emocionales y los problemas de salud mental que se presentan en mayor proporción.

Aunque nos pueda sorprender, el VIH sigue siendo visto, por un grupo importante de la sociedad, como un “castigo divino por vivir una sexualidad pervertida”, “sucia”, con prácticas sexuales no heterosexuales, con “promiscuidad o con uso de drogas inyectables”, lo que se convierte en un juicio social amenazante y difícil de sostener para cualquiera.

En este marco de interpretaciones, a nivel familiar emerge la posibilidad de rechazo, a nivel de pareja la posibilidad de un quiebre de la relación, a nivel laboral los temores ante la posibilidad de desvinculación, y a nivel social las experiencias de exclusión.

Así, el ocultamiento de lo que se llama el estado serológico positivo (de ser una persona que vive con VIH), es una opción de “autocuidado” que tiene un alto costo en términos emocionales, de salud y de satisfacción relacional. El miedo a la respuesta de los demás puede, entonces, generar silencio, lo que puede provocar problemas de salud al retrasar el inicio de tratamientos, transmitir el virus a otras personas y, llegar a etapa SIDA.

Contar que se ha adquirido el virus a otras personas, ha mostrado estar relacionado, en términos generales, con mejores resultados en la salud mental. Cuando quienes escuchan la develación están disponibles para prestar apoyo emocional, libre de prejuicios, estigmas y discriminaciones, cumplen un papel fundamental en la encrucijada de decir o no decir a otras personas, y con ello, en avanzar hacia un mejor estado de salud y bienestar emocional.

De este modo, una opción es lo que se ha llamado la develación selectiva: informar del estado serológico a personas que pueden comprender la situación, algunos familiares, amigas y amigos u otras personas que viven con VIH. Para hacer de esta acción una alternativa, es importante que todos y todas accedamos a información y educación respecto del virus, lo que en Chile sigue siendo una deuda y, por lo tanto, un desafío urgente.

Es importante que las personas que viven con VIH puedan decirlo sin miedo, pero también lo es que todas y todos —quienes viven con VIH y quienes no— podamos preguntar libres de prejuicio, por ejemplo, ¿cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que te realizaste el examen?

Por Cristian Ortega y Alemka Tomicic, Doctorado en Psicología, Universidad Diego Portales | Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad (MIDAP), en The Clinic.