Columna de Alemka Tomicic: Dibujar la psicología

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Alemka Tomicic - El Desconcierto

13 / 11 / 2023

Hace muchos años atrás a mi hija mayor le asignaron la que fue una de sus primeras tareas de su trayectoria educativa: dibujar el trabajo de su mamá. Siempre lo cuento con gracia, porque en ese momento y para su edad, fue muy certera. En la hoja tamaño carta y con algunos colores, figuraba yo sentada en un sillón y, frente a mí, otra persona también sentada. Cuando la profesora le pidió que explicara su dibujo, mi hija le dijo: “Mi mamá conversa todo el día con distintas personas”.

La psicología es una disciplina científica y profesional difícil de dibujar; es escurridiza y con pocos objetos que la representen en su diversidad. Habitualmente, los intentos de mostrarla gráficamente son equívocos o reduccionistas; abundan cabezas y cerebros, personas conversando o al menos sentadas frente a frente, algún que otro diván y, en menor medida, el perfil de Sigmund Freud o la letra griega Psi.

La mayoría de estas representaciones hacen referencia, inequívocamente, a la práctica psicológica más comúnmente conocida: la psicoterapia o, más ampliamente, la psicología clínica. Tal vez porque se trata de la más fácil de representar, sin confundirse con otras derivas profesionales, como la psicología educacional, la psicología del trabajo y las organizaciones, la psicología social-comunitaria, la psicología de la salud, la psicología jurídica y la neuropsicología.

Por lo anterior, cada vez me convenzo más de que debiésemos hablar de las psicologías y/o las ciencias psicológicas. Y, ¿por qué? Principalmente, porque son múltiples los objetos —por momentos contradictorios o al menos en disputa—, que trazan sus diferentes quehaceres. A riesgo de simplificar y mirando rápidamente diferentes mallas de formación en psicología, estos transitan desde el comportamiento de los individuos, pasando por el cerebro, el cuerpo y la mente, hasta el sujeto y su raigambre social y cultural. Qué decir de sus expresiones profesionales que colindan con la psiquiatría, lo biomédico, las neurociencias, lo jurídico, lo educacional, el mundo del trabajo y lo sociocultural, e incluso el medioambiente, el deporte, el urbanismo, la ingeniería, y un largo etcétera.

Esta idea de las ciencias psicológicas, que hace un guiño a las más conocidas ciencias sociales, se salva, a mi juicio, de la hiperfragmentación a través de lo que podemos llamar tres virtudes epistémicas: el pluralismo, la reflexión crítica y la consecución como objeto común de la salud mental y el bienestar de los individuos, las colectividades y la sociedad. Por supuesto, si la psicología, en su dimensión singular, es difícil de representar gráficamente, estas tres virtudes que reúnen la diáspora de las ciencias psicológicas, lo son aún más.

El pluralismo no consiste, en todo caso, en una reunión de lo diverso así nada más, sino más bien en la generación de un espacio, un campo, en el que distintas perspectivas identificadas con lo psicológico tengan la oportunidad de ofrecerse como subdisciplinas y áreas profesionales de cara a un objeto común: la salud mental y el bienestar. Por su parte, el pensamiento crítico o la reflexión sobre la propia disciplina y la manera como figura sus objetos —como los dibuja— es, desde mi perspectiva, lo que reúne a las psicologías como parte de un conjunto de ciencias, en su sentido etimológico, como un conjunto de conocimientos sobre (diciéndolo en breve y a riesgo de simplificar) el comportamiento de las personas.

Recuerdo un clásico de cuando era estudiante de psicología. Si me presentaba como tal, digamos en una fiesta (¡sí, en una fiesta!), nunca faltaba alguien que me preguntara con temor y también con curiosidad, si es que le estaba leyendo la mente. Al principio, con pudor, respondía rápidamente que no, que como psicólogas no teníamos la capacidad de hacer eso. Pero con los años y la experiencia, y más seguridad, comencé a responder: “sí, te leo la mente, y tú también a mí”.

Todas y todos somos psicólogos en alguna medida, nos sentamos en sillones y conversamos con otras personas. Entonces, ¿qué es lo especial que sabemos quienes hemos estudiado esta carrera, estas ciencias? Diría que una particular manera de escuchar, de ver y leer en el concierto de la diversidad y la reflexibilidad, además de un especial compromiso con la salud mental y el bienestar como un derecho humano fundamental que cautelar.

¿Cómo se dibuja esto? No lo sé. Y, sin embargo, lo veo y lo vemos cotidianamente en el quehacer de psicólogas y psicólogos en los diferentes espacios en los que nos desenvolvemos.

Por Alemka Tomicic, directora de la Escuela de Psicología UDP, en El Desconcierto.