Alemka Tomicic publica “Un planeta llamado depresión”, una invitación a repensar la salud mental desde una mirada humana, relacional y colectiva
La académica prepara el lanzamiento de su nueva obra, en la cual cuestiona las miradas centradas exclusivamente en la responsabilidad individual e invita a reflexionar sobre las dimensiones sociales y relacionales del bienestar.
10 / 07 / 2026
La investigadora del Centro de Estudios en Psicología Clínica y Psicoterapia (CEPPS-UDP), directora alterna de MIDAP y académica de la Facultad de Psicología UDP, Alemka Tomicic, publicó recientemente “Un planeta llamado depresión: Reflexiones sobre salud mental”, un ensayo que invita a cuestionar las miradas tradicionales sobre la salud mental y propone comprender el bienestar desde una perspectiva relacional, comunitaria y social
A través de esta publicación, editada por Debate, la autora reflexiona sobre cómo el malestar suele abordarse desde una lógica individual, dejando en un segundo plano el impacto que tienen los vínculos, las comunidades y las condiciones materiales de vida en la salud mental.
En esta conversación, la autora reflexiona sobre las ideas que dieron origen a la publicación y los principales desafíos que plantea para comprender la salud mental desde una perspectiva más amplia.
¿Qué la motivó a escribir “Un planeta llamado depresión” y por qué consideró que este era el momento para publicar esta reflexión?
Este libro fue una invitación de la editorial a publicar sobre un tema relacionado con la salud mental; yo acepté la invitación porque coincidió con una reflexión que ya venía desarrollando sobre el lugar que había adquirido la salud mental como un discurso totalizante, por un lado, y fuertemente de responsabilidad individual, por el otro. Por lo que ambos intereses confluyeron.
En el libro invita a repensar la salud mental desde una perspectiva humana, relacional y colectiva. ¿Qué implica este cambio de mirada y por qué considera que es necesario hoy?
Este cambio de mirada implica salir del lugar que ha ocupado la salud mental como problema estrictamente individual —de manejo médico, psicológico o farmacológico— para pensarla como un fenómeno que se construye en el concierto de nuestras relaciones, nuestras comunidades y las condiciones materiales en que transcurre la vida cotidiana. No se trata de negar el sufrimiento singular de cada persona, sino de comprender que este se gesta y se sostiene —o se alivia— en relación con otros y otras. Hoy me parece necesario porque vivimos una época que tiende a psicologizar y medicalizar el malestar, ofreciendo respuestas individuales a problemas que son, en gran medida, colectivos. Repensar la salud mental en clave relacional abre la posibilidad de prestar atención también a esas condiciones compartidas, y no solo al síntoma de quien lo padece.
Uno de los planteamientos del ensayo es que la depresión no puede entenderse únicamente desde una dimensión individual. ¿Qué papel juegan los vínculos, la comunidad y las condiciones sociales en este fenómeno?
Aun cuando el libro lleva por título principal “Un planeta llamado depresión” —que replica, a su vez, el título de uno de sus capítulos—, no es la depresión el centro de la reflexión, sino más bien una aproximación que ha sido muy relevante en los últimos dos siglos al problema de la salud mental. El problema de aproximarse al tema de la salud mental desde una perspectiva de responsabilidad individual, como ya he dicho, es que se obliteran condiciones sociales y relacionales, incluso ambientales, que en su organización contemporánea ponen en juego el bienestar y calidad de vida de las personas. Ampliar la mirada permite comprender la salud mental como un fenómeno multidimensional —más allá del marco biomédico—, ampliando las posibilidades de transformación e imaginación de condiciones para un buen vivir.
¿Cómo dialogan las ideas desarrolladas en este libro con su trabajo como investigadora de CEPPS-UDP y en MIDAP?
Mucho, la verdad, y no solo con las líneas de trabajo que he desarrollado como investigadora por más de diez años en estos dos centros, sino con mi experiencia cotidiana de docencia en psicología en pregrado y en el programa de doctorado de la Facultad de Psicología UDP. Además, dialoga con mis propias experiencias de vida y mi relación con la cultura, el arte, la literatura, la música, etc. Si hay algo que está a la mano de todas y todos desde diferentes fuentes de conocimiento, es la comprensión del comportamiento y la condición humana; lo que he hecho en este libro, entre otras cosas, es tratar de reunir estas fuentes de conocimiento, para sostener la reflexión que aquí desarrollo.
¿Qué espera aportar con este libro al debate público sobre salud mental y qué reflexión le gustaría dejar en quienes lo lean?
Me gustaría que este libro contribuyera, humildemente, a mover el eje del debate público, que hoy suele oscilar entre la patologización del malestar y la exigencia de resiliencia individual, hacia una conversación más amplia sobre las condiciones —sociales, ambientales, relacionales— que hacen posible el bienestar. Espero que quienes lean el libro encuentren ahí una invitación a, eventualmente, pensar en su propio malestar y el de quienes los rodean, con más contexto; que ese gesto pueda traducirse, aunque sea modestamente, en una forma más colectiva y menos solitaria de pensar y de sostener nuestro bienestar y calidad de vida.
¿Qué significa para usted publicar esta obra y cómo cree que contribuye al compromiso de la Facultad de Psicología UDP con la generación de conocimiento de impacto para la sociedad?
Honestamente, fue un desafío que en este momento me produce una tremenda satisfacción. Se trata de un género —ensayo narrativo— dirigido a lo que se llama público general, bastante lejano al estilo de escritura y comunicación del conocimiento que solemos cultivar en el ámbito académico.
Encuentra el libro aquí.
