Adina Roskies abordó en la UDP los desafíos de la neuroética ante el avance de nuevas tecnologías

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Desde la Psicología, el Derecho, la Filosofía y la Salud Pública, la académica de la Universidad de California analizó los dilemas éticos que plantean las nuevas posibilidades de conocer e intervenir el cerebro.

10 / 08 / 2026

¿Qué ocurre cuando una tecnología permite obtener información a partir de la actividad cerebral o intervenir directamente sobre ella? ¿Hasta dónde puede la neurociencia explicar nuestras decisiones? ¿Son necesarios nuevos derechos para proteger la privacidad mental? Estas fueron algunas de las preguntas que marcaron el seminario “El debate sobre Neuroética: Implicancias filosóficas, jurídicas y para la salud pública”, realizado en la Universidad Diego Portales y encabezado por la académica Adina Roskies, una de las referentes internacionales en el desarrollo de este campo.

Profesora de Filosofía de la Universidad de California, Santa Bárbara, e integrante de su Departamento de Ciencias Psicológicas y Cerebrales, Roskies ha desarrollado una trayectoria en la intersección entre filosofía, neurociencia y ética. Durante su conferencia presentó una mirada sobre el desarrollo de la neuroética y los desafíos que surgen a medida que aumentan las capacidades para registrar, interpretar e intervenir la actividad cerebral.

La académica retomó una distinción que ha acompañado al campo desde sus inicios: por una parte, la ética de la neurociencia, relacionada con los problemas éticos derivados de la investigación y las tecnologías aplicadas al cerebro; y, por otra, la neurociencia de la ética, que se pregunta qué puede aportar el conocimiento del cerebro a la comprensión del juicio moral, la toma de decisiones, la responsabilidad y la conducta humana.

A partir de ejemplos como la estimulación cerebral profunda y las interfaces cerebro-computador, Roskies mostró cómo estas tecnologías pueden contribuir al tratamiento de distintas condiciones, recuperar capacidades de comunicación o permitir el control de dispositivos mediante señales neuronales. Al mismo tiempo, advirtió que su desarrollo abre interrogantes sobre autonomía, identidad, privacidad, consentimiento y acceso equitativo a sus beneficios.

Frente a estos escenarios, llamó a evitar interpretaciones alarmistas sobre las capacidades actuales de las neurotecnologías. La discusión ética, planteó, debe considerar tanto sus riesgos como sus beneficios y, especialmente, construirse a partir de lo que la evidencia científica permite afirmar sobre sus alcances y limitaciones.

Agencia, inteligencia artificial y los límites de la neurociencia

Uno de los conceptos centrales de la exposición fue la agencia, entendida como una dimensión fundamental para analizar la capacidad de actuar y tomar decisiones. Para Roskies, avanzar hacia una mejor comprensión y medición de la agencia será uno de los desafíos relevantes de la neuroética, particularmente ante tecnologías capaces de intervenir o mediar procesos asociados a la acción humana.

La incorporación de inteligencia artificial suma nuevas preguntas. Una interfaz cerebro-computador que utiliza IA para interpretar señales neuronales y transformarlas en una acción, por ejemplo, obliga a preguntarse dónde reside la agencia y cómo se distribuye la responsabilidad cuando una decisión depende de la interacción entre una persona y un sistema tecnológico.

La académica también abordó el debate sobre libre albedrío y determinismo. Frente a interpretaciones que han utilizado hallazgos neurocientíficos para cuestionar la libertad humana, Roskies sostuvo que el conocimiento disponible no entrega razones suficientes para concluir que las personas carezcan de libre albedrío o que no puedan ser consideradas responsables de sus acciones.

Esta discusión fue retomada posteriormente por Celeste Vecino, académica del Instituto de Filosofía UDP, quien cuestionó la oposición entre libertad y determinismo y propuso distinguir entre causas y motivaciones. Desde su perspectiva, reconocer que las decisiones están condicionadas por nuestra historia, valores y circunstancias no significa necesariamente negar la libertad.

Vecino planteó, además, que la pregunta por la libertad no puede resolverse únicamente mediante la acumulación de evidencia científica, pues involucra también problemas relativos al sentido, las razones y la interpretación. Desde esa perspectiva, propuso ampliar la discusión sobre agencia más allá del individuo y considerar las condiciones sociales e intersubjetivas en las que esta se ejerce.

Chile y el debate sobre los neuroderechos

La experiencia chilena ocupó un lugar relevante en la discusión. Roskies destacó que Chile fue pionero en incorporar a nivel constitucional la protección de la actividad cerebral y de la información proveniente de ella, una experiencia que ha situado al país dentro del debate internacional sobre neuroderechos.

La académica planteó, sin embargo, una pregunta que continúa abierta: ¿es necesario crear derechos específicamente asociados al cerebro o estos pueden ser protegidos adecuadamente mediante garantías más amplias, como la privacidad, la integridad y la protección de datos?

Desde la perspectiva jurídica, Leonardo Ortiz, académico de la Facultad de Derecho UDP, profundizó en esta discusión y explicó que la regulación chilena sobre neuroderechos se encuentra vinculada constitucionalmente a la protección de la integridad física y psíquica. En ese contexto, planteó que categorías ya presentes en el ordenamiento jurídico, como la privacidad, el consentimiento y la protección de datos personales, pueden ofrecer herramientas para responder a parte de los desafíos que introduce la neurociencia.

Ortiz también abordó las posibilidades que podría abrir la evidencia neurocientífica en ámbitos como la determinación de responsabilidad o la evaluación del consentimiento. Su eventual utilización, sostuvo, debe considerar criterios de proporcionalidad y su relación con otros derechos fundamentales, particularmente cuando se trata de grupos sujetos a especial protección.

La discusión regulatoria fue retomada por Ximena Aguilera, directora del Observatorio de Salud UDP y académica de la Facultad de Medicina, quien trasladó el problema desde el individuo hacia las poblaciones. Desde la salud pública, explicó, las preguntas no se limitan a los efectos de una intervención sobre una persona, sino que también abarcan cómo se distribuyen sus beneficios y riesgos, quiénes pueden acceder a las nuevas tecnologías y qué consecuencias pueden generar las desigualdades existentes.

Aguilera destacó especialmente la tensión entre la necesidad de proteger a las personas y el riesgo de establecer regulaciones que dificulten el desarrollo de tecnologías con potencial terapéutico. También relevó la discusión en torno a si los datos neuronales requieren una protección específica dentro de la categoría de datos sensibles. “Son discusiones que son bien de frontera”, señaló, enfatizando la necesidad de avanzar simultáneamente en conocimiento científico y reflexión ética para aprovechar las posibilidades de estas tecnologías y controlar sus eventuales riesgos.

Una discusión que requiere cruzar disciplinas

La conversación fue moderada por Alejandra Rossi, académica de la Facultad de Psicología UDP e investigadora principal del Centro de Estudios en Neurociencia Humana y Neuropsicología (CENHN-UDP), quien destacó desde la apertura del encuentro el carácter necesariamente interdisciplinario de la neuroética.

Preguntas sobre qué entendemos por persona y responsabilidad, qué obligaciones existen hacia los pacientes o qué marcos institucionales son necesarios frente al desarrollo tecnológico, planteó Rossi, no pueden ser respondidas desde una única disciplina. La participación de académicos de Psicología, Derecho, Filosofía y Medicina permitió, precisamente, poner esas perspectivas en diálogo.

Hacia el final del encuentro, una pregunta de un estudiante de Psicología UDP llevó la conversación hacia las nuevas generaciones: ¿cómo prepararse para los desafíos que traerán estos desarrollos?

Roskies recomendó construir una formación capaz de cruzar fronteras disciplinares: desarrollar conocimientos sólidos en un campo, pero también adquirir suficiente profundidad en otros para participar de conversaciones especializadas y comprender las sutilezas de la evidencia antes de realizar evaluaciones éticas.

Su segunda recomendación estuvo dirigida al uso creciente de la inteligencia artificial. La académica llamó a las nuevas generaciones a no delegar excesivamente sus capacidades cognitivas en estas herramientas y enfatizó la importancia de desarrollar el pensamiento propio. “Aprender realmente a pensar es difícil y muy importante”, sostuvo.

El seminario fue organizado por la Facultad de Psicología UDP, en colaboración con el Doctorado en Psicología y la Dirección General de Relaciones Internacionales de la Universidad Diego Portales. La visita de Roskies se realizó en el marco del Visiting Scholar Program y permitió reunir a distintas unidades académicas en torno a un debate que, como señaló Rossi, exige construir respuestas colectivas frente a los límites y posibilidades que abre el conocimiento del cerebro.