Depresión en universitarios durante la pandemia: “La adultez emergente es un periodo crítico en términos vitales”
Álvaro Jiménez - La Tercera
09 / 06 / 2021
En mayo del año pasado un grupo de investigadores del Núcleo Milenio Imhay –orientado a la salud mental de jóvenes y adolescentes– realizó una encuesta a más de 2.400 estudiantes de primer año de universidad para dar cuenta de cómo habían visto afectada su salud mental durante los primeros meses de la pandemia. Los resultados, recopilados en un estudio publicado en la revista de psiquiatría Sopnia, revelaron que tres de cada cuatro estudiantes (77,7%) reportaba que su estado de ánimo estaba peor o mucho peor en comparación al contexto pre pandémico, y que casi la mitad de las mujeres y un tercio de los hombres presentaba efectivamente sintomatología ansiosa y depresiva moderada o severa. A eso se le suma que un 3,2% de los hombres y un 5,7% de las mujeres presentó riesgo suicida. Riesgo que era aun mayor (alcanzó el 20%) en los estudiantes que se identifican como no binarios.
Y es que como explica Álvaro Jiménez, académico de la Facultad de Psicología de la UDP, investigador del Núcleo Milenio y coautor, junto a Vania Martínez (Universidad de Chile) y Scarlett Mac-Ginty (King’s College London), del estudio previamente mencionado, la etapa de vida en la que se encuentran los jóvenes universitarios, denominada adultez emergente, es un periodo crítico en términos vitales.
Mucho, aunque no suficiente, se ha hablado sobre el impacto de la pandemia en la salud mental de niños, adolescentes, pero no así de universitarios. Se trata de una etapa de transición al mundo adulto, y de adaptación en términos educacionales, profesionales y sociales, todos factores altamente estresores. Si a eso además le sumamos un contexto de confinamiento, distanciamiento físico y riesgo vital, los niveles de estrés aumentan considerablemente.
Como explica la psicóloga clínica, consultora organizacional y colaboradora en la Fundación Liderazgo Chile, Monserrat Santa María, la universidad es un espacio de comunidad y convivencia en la que se mezclan distintas realidades y culturas. “Hay diversidad en los modos de aprendizaje, en las situaciones económicas, en los entornos familiares y en las expectativas de cada cual. Eso de por sí conlleva mucho estrés, especialmente para aquellos que estudian a través de becas y tienen que cumplir. Es, además, una etapa que se desarrolla en paralelo a etapas del ciclo vital propias de la individuación de la persona”, explica. “Por lo tanto, lo ideal sería vivirla de la manera más adaptativa posible; es decir, poder compensar las destrezas que tenemos para enfrentar las demandas versus la cantidad de demandas que efectivamente enfrentamos. Cuando eso se desequilibra, nos vemos sometidos a una eventualidad de estrés”.
Es eso lo que ha pasado este año. Como dice Jiménez, si bien el empeoramiento del estado de ánimo es transversal a toda la población, cuando se compararon los resultados del estudio a una encuesta realizada a la población adulta general durante el mismo periodo, se vio que un 43,4% de los adultos declaró que su estado de ánimo estaba peor o mucho peor en comparación al contexto pre pandémico, lo que demuestra que los impactos se sintieron de manera más notoria en los jóvenes universitarios. “A lo largo del tiempo ha habido una mayor prevalencia de dificultades de salud mental en los jóvenes universitarios. Hay que considerar que en los últimos años la población universitaria es mucho más diversa; han ingresado más mujeres, más estudiantes que son primera generación en ingresar a educación superior en sus familias y también, más estudiantes de niveles socioeconómicos bajos. Y a eso se le suma que el 75% de los trastornos mentales se desencadena entre los 18 y 29 años, por lo que estamos hablando de un periodo que de por sí es crítico en términos vitales”.
Por eso, los especialistas están de acuerdo en que todo apunta a que este sea de los grupos de la población más afectados. Incluso más que los adultos mayores. “Uno habría pensado que la población más vulnerable al virus –y más vulnerable en términos socioeconómicos– también sería la población con la salud mental más afectada, pero no es así. Los universitarios se encuentran en un periodo en el que es mucho más relevante el contacto físico y la socialización presencial”, explica Jiménez. “Las condiciones de encierro para muchos ha sido de hacinamiento y se han provocado tensiones en los grupos familiares”.
