Guila Sosman - La Tercera
11 / 12 / 2020
La psicóloga especialista en temas de género y académica de la Universidad Diego Portales, Guila Sosman, explica que además de tratarse de prácticas que refuerzan y perpetúan los espacios de poder –el espacio público le sigue perteneciendo a los hombres y se vuelve un lugar amenazante para las mujeres–, son muchos los impactos a nivel psicológico. “Dependiendo del grado y la frecuencia, el acoso callejero puede causar un trauma o un estrés postraumático. Puede dar paso a que las mujeres se sientan más ansiosas, que tengan temor y se angustien por recordar continuamente la escena. A su vez, esto da paso a que eviten ciertos lugares y ciertos horarios. Y finalmente, se van restringiendo sus libertades personales”, explica. “Muchas veces sienten vergüenza, indignación y culpa, porque en el fondo se cuestionan qué hicieron o qué dijeron para que les pasara lo que les pasó”.
Sosman explica que lo que pasa a menudo es que las mujeres que han sido víctimas de este tipo de episodios de violencia empiezan a asumir ciertas conductas para protegerse. “Muchas de mis pacientes se visten de otra manera cuando toman transporte público, pero esta cultura de prevención establece que somos nosotras las que tenemos que cuidarnos y finalmente la culpa recae en lo que hicimos o no. Estar solas o vestirnos de cierta manera termina siendo un factor de riesgo, cuando no debería serlo”.
Y es que, como explica la especialista, las medidas de prevención responsabilizan finalmente a la mujer de su seguridad o falta de esta. “Siguen perpetuando la idea de que somos nosotras las que tenemos que defendernos y que está justificado que nos acosen. Las mujeres tenemos que sentir las calles como un lugar seguro; no nacemos, contrario a lo que creen muchos hombres, para ser objeto de su deseo y queremos nuestra propia identidad y libertad”.
