Nueva guía entrega orientaciones para el tratamiento psicológico de patologías de salud mental de origen laboral
El documento propone integrar la atención clínica con las condiciones de trabajo, la recuperación funcional y el reintegro laboral.
08 / 09 / 2026
Durante el martes 1 de septiembre, en el marco del coloquio “Entre lo clínico y lo laboral: Una mirada integrada al tratamiento clínico en salud mental laboral y lanzamiento de una guía para su abordaje”, realizado en el auditorio de la Facultad de Psicología de la Universidad Diego Portales, se presentó una nueva publicación orientada a fortalecer el tratamiento de las enfermedades profesionales de salud mental.
La Guía de orientación para el tratamiento psicológico de personas trabajadoras con patologías de salud mental laboral está dirigida principalmente a profesionales que participan en la evaluación, tratamiento y seguimiento de estas enfermedades en el contexto de los organismos administradores del seguro de la Ley N.º 16.744. Su propósito es integrar evidencia científica, experiencia clínica y conocimiento del sistema de salud laboral chileno para apoyar la toma de decisiones de los equipos tratantes y favorecer intervenciones pertinentes a las particularidades de cada caso.
El documento fue elaborado por Alemka Tomicic, Felipe Pérez, Elisa Ansoleaga, Malena Ledo y Natalia Gavilán, a partir de una investigación desarrollada por la Universidad Diego Portales en colaboración con ACHS, MIDAP, CEPPS y PEPET. El estudio combinó una revisión sistemática de literatura científica, el análisis de información cuantitativa y entrevistas a profesionales y actores vinculados al sistema de salud laboral. La iniciativa se desarrolló en el marco del Proyecto 324-2024, financiado por la Superintendencia de Seguridad Social (SUSESO).
El coloquio, organizado por PEPET y CEPPS, reunió las perspectivas de Paulina Torres, profesional del Departamento de Salud Ocupacional de la División de Políticas Públicas Saludables y Promoción de la Subsecretaría de Salud Pública del Ministerio de Salud; Makarena Leiva, coordinadora nacional de Psicología de ACHS; María Teresa Araya, coordinadora de Salud Mental de la Dirección Nacional de Medicina del Trabajo de Mutual de Seguridad; y Alemka Tomicic, investigadora principal del CEPPS y directora alterna de MIDAP. Además, la actividad fue moderada por Felipe Pérez, investigador de PEPET.
Del reconocimiento de la enfermedad al tratamiento
La jornada permitió situar la publicación en un escenario marcado por el crecimiento de las enfermedades profesionales de salud mental y por la necesidad de continuar fortaleciendo las respuestas que entrega el sistema una vez que estas patologías han sido identificadas.
De acuerdo con antecedentes de SUSESO incorporados en la guía, la tasa de casos reconocidos de enfermedades profesionales de salud mental pasó de 42,7 por cada 100 mil personas trabajadoras protegidas en 2019 a 98,1 en 2024, lo que representa un incremento aproximado de 130%. Durante ese último año, además, cerca de tres de cada cuatro sospechas de denuncias calificadas de salud mental correspondieron a mujeres.
En su presentación, Paulina Torres abordó los avances que Chile ha desarrollado en prevención, vigilancia de riesgos psicosociales y calificación de enfermedades profesionales, junto con los desafíos que permanecen abiertos en materia de tratamiento. “Sabemos que identificar es una cosa, pero tratar es otra”, señaló. Según explicó, una vez reconocida la enfermedad profesional de salud mental surge la necesidad de asegurar prestaciones clínicas que respondan de manera específica al componente laboral que está detrás de estos cuadros.
La profesional destacó que el país cuenta con instrumentos y políticas que han permitido conocer con mayor profundidad los riesgos presentes en los espacios de trabajo, pero sostuvo que medir e identificar esos factores constituye solo una parte del proceso. El desafío, planteó, es avanzar hacia una respuesta que articule prevención, tratamiento y reintegro.
En este sentido, advirtió que la recuperación requiere considerar simultáneamente la atención clínica de las personas y las condiciones organizacionales a las que deberán regresar. “El costo de no hacerlo es que se compromete directamente la recuperación de las personas trabajadoras, que es lo más importante”, afirmó Torres.
Este planteamiento dialoga con uno de los principales fundamentos de la publicación: la recuperación de una persona trabajadora con una patología de salud mental de origen laboral no puede comprenderse únicamente desde la disminución de síntomas, sino que requiere incorporar su funcionamiento, el contexto de trabajo y las condiciones necesarias para una reincorporación sostenible.
Tratamientos centrados también en la recuperación funcional
Desde la experiencia de los organismos administradores, Makarena Leiva profundizó en la forma en que estos principios se traducen en el tratamiento psicológico de las personas trabajadoras.
Durante su exposición, planteó que el trabajo constituye un espacio relevante para la salud mental porque, además de ser un ámbito productivo, es un entorno en el que las personas construyen vínculos e identidad y donde pueden encontrarse tanto factores protectores como factores de riesgo.
Leiva explicó que la atención psicológica requiere considerar no solo la sintomatología o el diagnóstico de una persona, sino también el impacto que esa situación tiene en su funcionamiento cotidiano y laboral. Desde esa perspectiva, abordó la utilización de psicoterapias breves, la definición de objetivos terapéuticos, el seguimiento de la evolución clínica y la necesidad de adaptar las estrategias de intervención a las características particulares de cada paciente.
“El éxito terapéutico en salud ocupacional no se mide únicamente por la disminución de síntomas”, sostuvo, destacando que también debe observarse si la persona recupera su bienestar, su funcionalidad y la capacidad de retornar al trabajo de manera sostenible.
La guía recoge esta perspectiva y propone evaluar los resultados de las intervenciones en diferentes dimensiones: sintomatología, capacidad laboral y funcionamiento, autoeficacia para el retorno, retorno y reintegro al trabajo, sostenibilidad de ese proceso y calidad de vida.
Por su parte, María Teresa Araya abordó las particularidades que adquiere la psicoterapia en el contexto de las enfermedades profesionales. Su presentación se centró en las intervenciones breves y focalizadas, la identificación del motivo de consulta y de los factores asociados al trabajo, la definición de objetivos terapéuticos y la importancia de realizar un seguimiento que permita ajustar oportunamente el tratamiento.
La especialista enfatizó además la necesidad de una mirada interdisciplinaria. En este ámbito, explicó, la atención psicológica se desarrolla dentro de un dispositivo más amplio en el que participan distintas disciplinas y en el que el tratamiento debe dialogar también con la posibilidad de reintegro laboral.
La nueva guía plantea precisamente que una intervención focalizada en lo laboral debe combinar objetivos clínicos, como la reducción de síntomas y el abordaje de comorbilidades, con objetivos ocupacionales relacionados con las capacidades funcionales, los factores de riesgo presentes en el trabajo y la preparación para el reintegro.
Una clínica situada en el contexto laboral
La presentación de la guía estuvo a cargo de Alemka Tomicic, quien explicó que el documento recoge una trayectoria de investigación desarrollada durante más de una década en torno a salud mental y reintegro laboral.
Como antecedente, recordó el trabajo realizado en 2014 y posteriormente publicado como una guía de orientación para el reintegro laboral de personas con patologías de salud mental calificadas de origen laboral. La nueva publicación retoma esa línea y profundiza específicamente en el componente clínico y psicoterapéutico.
“Esta guía no viene a instalar algo nuevo, viene a tratar de aportar a esa brecha”, señaló Tomicic, destacando que el documento también sistematiza experiencias y aprendizajes acumulados por profesionales que trabajan en este ámbito.
La académica UDP enfatizó que la atención psicológica en salud mental ocupacional no puede comprenderse como el simple traslado de una psicoterapia tradicional a un escenario laboral. En cambio, requiere considerar el contexto específico en el que la persona trabaja y en el que ocurre el propio tratamiento.
“La clínica no puede ser la misma que imaginamos y que habitualmente aprendemos en el pregrado”, sostuvo Tomicic. Por esta razón, la guía incorpora el concepto de psicoterapia culturalmente competente en salud mental laboral, entendido como una intervención capaz de considerar los marcos de significado que las personas traen desde sus entornos de trabajo. Esto implica incorporar dimensiones como la cultura organizacional, el sector de actividad económica, la perspectiva de género, la jerarquía laboral, el tipo de contrato, el territorio, las condiciones para el reintegro y el marco normativo.
La publicación destaca, además, que esta aproximación requiere conocer las características específicas de los distintos sectores laborales. Los riesgos psicosociales, por ejemplo, pueden adquirir formas diferentes en ámbitos como salud, educación, comercio, atención a público, minería o industria, por lo que las intervenciones deben ser sensibles a las condiciones particulares en las que se desarrolla el trabajo.
Tomicic planteó también que este campo requiere avanzar hacia una mayor especialización profesional, debido a las particularidades clínicas, organizacionales y normativas que supone trabajar con patologías de salud mental de origen laboral.
Retorno y reintegro no significan lo mismo
Otro de los aportes de la guía es la diferenciación entre el retorno al trabajo y el reintegro laboral. El primero refiere principalmente a la reanudación de la actividad después de un período de reposo. El reintegro, en cambio, es concebido como un proceso gradual y multidimensional que articula la recuperación individual con la modificación o control de los factores de riesgo que incidieron en la enfermedad.
Desde esta perspectiva, volver físicamente al puesto de trabajo no constituye por sí solo un indicador suficiente de recuperación. Un reintegro efectivo supone que la reincorporación pueda mantenerse en el tiempo y que las condiciones laborales no reproduzcan aquello que generó o contribuyó al problema de salud.
La guía señala incluso que la reincorporación progresiva puede constituir, en determinados casos y bajo condiciones clínicas adecuadas, una intervención terapéutica en sí misma. Por ello, la ausencia completa de síntomas no necesariamente constituye un requisito para comenzar el proceso de reintegro, siempre que exista estabilidad clínica, capacidad funcional y condiciones laborales compatibles con la recuperación.
Este punto fue retomado durante el conversatorio final del coloquio, cuando parte de las preguntas del público abordaron precisamente qué ocurre cuando una persona debe regresar al mismo espacio donde estuvieron presentes los factores laborales asociados a su enfermedad.
Las expositoras coincidieron en la necesidad de fortalecer la coordinación entre las dimensiones clínicas y preventivas. Torres señaló que uno de los desafíos pendientes radica en mejorar la comunicación entre quienes trabajan directamente con la recuperación de las personas y quienes intervienen sobre las condiciones organizacionales.
En esa misma línea, Araya destacó que el reintegro requiere también la participación de las instituciones y la implementación de modificaciones que favorezcan un retorno seguro, mientras Tomicic enfatizó la necesidad de evaluar sistemáticamente si las orientaciones propuestas producen los resultados esperados.
Seguimiento para mejorar las intervenciones
La medición y seguimiento de los resultados constituye otro de los ejes desarrollados en la publicación. La guía incorpora el Routine Outcome Monitoring (ROM), un sistema de evaluación periódica del progreso de las personas durante el tratamiento. Su finalidad es entregar información que permita observar las trayectorias individuales, identificar oportunamente casos que no estén evolucionando como se esperaba y apoyar la toma de decisiones clínicas.
En salud mental ocupacional, este seguimiento contempla una mirada multidimensional: además de los síntomas, propone observar la capacidad laboral, la autoeficacia para el retorno, el estado del proceso de reintegro, su sostenibilidad y la calidad de vida.
El documento enfatiza, sin embargo, que el propósito no es aumentar indiscriminadamente las mediciones. La recomendación es construir sistemas acotados y sostenibles, capaces de entregar información útil tanto para cada tratamiento como para el aprendizaje de los equipos e instituciones.
Durante su presentación, Tomicic planteó que contar a futuro con un sistema de seguimiento transversal podría contribuir no solo a mejorar las intervenciones individuales, sino también a generar nueva evidencia sobre las características y resultados de la atención especializada en salud mental ocupacional en Chile.
Articulación y especialización como desafíos pendientes
El conversatorio que cerró la jornada permitió ampliar la discusión hacia otros desafíos del sistema, entre ellos la relación entre la salud laboral y el sistema general de salud, la articulación entre tratamiento y prevención, las condiciones organizacionales para un reintegro efectivo y la formación de profesionales especializados.
Uno de los puntos compartidos por las expositoras fue que el tratamiento de las enfermedades profesionales de salud mental requiere una mirada que permita integrar distintos niveles de intervención.
Desde esa perspectiva, la publicación no se plantea como un protocolo prescriptivo ni como una única manera de hacer psicoterapia. Se presenta, en cambio, como un marco de referencia para apoyar decisiones clínicas contextualizadas y ajustadas a la complejidad de cada caso.
La guía está orientada principalmente a psicólogas y psicólogos, psiquiatras y equipos interdisciplinarios que trabajan en los organismos administradores del seguro de la Ley N.º 16.744, pero también puede servir como referencia para otros profesionales vinculados a los procesos de tratamiento y reintegro laboral.
De esta manera, el coloquio permitió poner en diálogo la experiencia de instituciones públicas, organismos administradores y la academia en torno a una pregunta común: cómo avanzar desde la identificación de las enfermedades profesionales de salud mental hacia tratamientos capaces de considerar simultáneamente la recuperación clínica de las personas y las condiciones laborales necesarias para sostenerla.
