Proyecto Conversaciones Públicas en Chile: incentivando el diálogo intergrupal para la convivencia y la justicia social

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01 / 03 / 2016

Un grupo de comprometidos estudiantes y psicólogos de la Facultad, a través del CEAR, instalaron el Proyecto (que nace en Estados Unidos) en varios colegios de Santiago con una positiva acogida de profesores y alumnos. 

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El Proyecto de Conversaciones Públicas y Diálogos Intergrupales nace en Estados Unidos. El modelo es adaptado a estudiantes chilenos por el CEAR

Public Conversations Project (Proyecto de Conversaciones Públicas) nace en 1989 a raíz de la siguiente pregunta que se hiciera una de sus fundadoras: ¿podrían los mismos métodos que ayudan a las familias a tener conversaciones seguras y constructivas en sesiones de consejería también ayudar a las personas a hablar entre sí en situaciones en las que hay profundas diferencias en temas de identidad, creencias y valores? En respuesta, el diálogo es propuesto como un método no violento de solución de problemas para promover la aceptación de diferencias sociales. Así se desarrolló un enfoque dialógico integrado que fue consolidándose en lo que actualmente llamamos “Diálogo Reflexivo Estructurado”.

El diálogo reflexivo estructurado toma como punto de partida el relato de historias singulares que fomenten la confianza y la construcción de relaciones entre las personas. Se piensa que el compartir las distintas narrativas personales puede ayudar a desarticular estereotipos que se tienen sobre los otros y así promover la inclusividad sin que nadie deba comprometer su identidad, valores o principios personales; no se trata de encontrar un terreno común que nos una, sino de reconocer y respetar las diferencias y similitudes entre unos y otros. Con este fin, el diálogo necesita de la capacidad reflexiva, pues supone que ésta puede evitar la reactividad emocional que ocurre cuando sentimos que nuestras creencias están siendo desafiadas por otros. Así mismo, requiere de una estructura y un espacio seguro, tranquilo y confidencial donde diferentes personas puedan reunirse, escuchar y ser escuchados. El diálogo reflexivo estructurado permite la conexión entre personas que han tenido marcadas divisiones, posibilitando la coexistencia entre comunidades y el mutuo aprendizaje, la receptividad ante distintas identidades y el reconocimiento del otro como un ser humano complejo y multidimensional.

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Papeles usados en dinámicas del taller de Conversaciones Públicas en Chile, donde los participantes identifican características del tema que están trabajando

Asimismo, el diálogo es entendido como un compromiso democrático que ofrece una manera crítica de entendimiento, comunicación y colaboración ante situaciones que han sido motivo de disputa. Por ello, esta metodología ha emergido como una prometedora forma de justicia social frente a prácticas de opresión tales como el racismo, el sexismo y el heterosexismo -entre muchas otras-, dejando de lado la idea de una única voz para dar paso a la idea de múltiples voces que pueden compartir sus experiencias para crear nuevos significados, formas de relacionarse, de actuar y de pensar. Por ello, el diálogo intergrupal busca promover los niveles de conciencia en relación a los efectos de la desigualdad social, así como propiciar el compromiso cívico y la transformación de los conflictos en aras de actividades que posibiliten el cambio social.

Estas ideas comenzaron a ser implementadas en distintas escuelas y universidades en Estados Unidos en vista del aumento de la polarización de las opiniones en los debates públicos relacionados con temas de interés público como la salud, la segregación en educación, inmigración y los derechos de minorías sexuales. A partir de 1990, comenzaron a surgir una serie de esfuerzos, modelos y programas que compartían el uso del diálogo intergrupal como una práctica que permitía la comprensión, el entendimiento y el re-direccionamiento de la polarización de posiciones ante un problema, siendo uno de ellos el Proyecto de Conversaciones Públicas.

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Fila delantera: Juan Irrazabal, Constanze Ihl y Aníbal Gática Fila trasera: Diego Santander, Maximiliano Apolonio y Catalina Paulsen.

Es este mismo modelo el que actualmente lleva a cabo Centro de Estudios de Argumentación y Razonamiento (CEAR), adaptándolo a las necesidades y problemáticas de los estudiantes chilenos. Esta labor se ha llevado a cabo en distintos colegios municipales y subvencionados de la región metropolitana, teniendo un grato recibimiento por parte de docentes y alumnos, los que han colaborado activamente con el proyecto y las actividades que este involucra. Los temas que hemos trabajado en los colegios han sido violencia homofóbica, exclusión por clase social, convivencia escolar, diferencias de género y distintas formas de discriminación.

El equipo de Proyecto de Conversaciones Públicas se encuentra conformado tanto por psicólogos titulados como por estudiantes de la misma facultad. Ellos son: Catalina Paulsen, Maximiliano Apolonio, Diego Santander, Constanze Ihl, Gabriela Bawarshi, Juan Irrazabal, Sofía Stutzin, Rafaela Zambra, Camila Katz, Agneta Molina, Constanza Albarrán y Camila del Solar.

Durante el segundo semestre del año 2015, este equipo logró levantar el proyecto y proyectarlo para el 2016 en un mayor número de colegios y escuelas dentro de la Región Metropolitana. A su vez, el Proyecto de Conversaciones Públicas, tal como lo ha presentado CEAR, se encuentra a la espera de la aprobación por parte del Ministerio de Educación de una estrategia permitiría ampliar sus trabajos y actividades a distintas regiones de Chile.

Por Max Apolonio. Edición: Ximena Tocornal.