Durante el 4° Congreso Chileno de Enfermedades Cerebrovasculares, el académico UDP Christian Salas presentó un modelo de intervención basado en la cognición 4E, que comprende la fatiga post accidente cerebrovascular como el resultado de la interacción entre factores biológicos, cognitivos, ambientales y ocupacionales.
22 / 06 / 2026
Aunque afecta a una proporción importante de las personas que han sufrido un accidente cerebrovascular (ACV), la fatiga continúa siendo una de las secuelas menos reconocidas en los procesos de rehabilitación. Su impacto puede extenderse durante años, dificultando el retorno al trabajo, la participación social y la calidad de vida. Frente a este desafío, la Unidad de Neuropsicología Clínica de la Universidad Diego Portales ha desarrollado un modelo de evaluación e intervención que busca comprender este fenómeno desde una perspectiva más amplia e integrada.
Este enfoque fue presentado por Christian Salas, director de la Unidad de Neuropsicología Clínica de la Facultad de Psicología UDP, durante el 4° Congreso Chileno de Enfermedades Cerebrovasculares, encuentro organizado por la ACEVE, Asociación Chilena de Enfermedades Vasculares Encefálicas. Este evento reunió a profesionales de distintas disciplinas vinculadas a la atención de personas con accidente cerebrovascular, entre ellos terapeutas ocupacionales, fonoaudiólogos, enfermeros, neurólogos, psiquiatras y equipos de rehabilitación provenientes de distintos puntos del país.
La fatiga post ACV es una de las secuelas más frecuentes tras un accidente cerebrovascular. Diversos estudios internacionales han reportado una alta prevalencia de esta condición, la que puede afectar significativamente la autonomía, la participación comunitaria y los procesos de reintegración laboral de quienes la experimentan.
“Muchos pacientes reportan que esta dificultad no es reconocida ni abordada adecuadamente por los equipos de salud. Desde una perspectiva de rehabilitación, comprender y tratar la fatiga resulta fundamental para favorecer la participación en actividades significativas y optimizar los resultados funcionales a largo plazo”, explicó Salas.
Durante su exposición, el académico compartió el modelo de intervención desarrollado por la Unidad de Neuropsicología Clínica UDP, basado en la denominada cognición 4E (embodied, embedded, enacted y extended cognition). Esta perspectiva plantea que los problemas neuropsicológicos no pueden comprenderse únicamente a partir del funcionamiento cerebral, sino que emergen de la interacción constante entre la persona, su cuerpo, el entorno en el que se desenvuelve y las actividades que realiza cotidianamente.
Desde esta mirada, la fatiga deja de entenderse exclusivamente como una consecuencia biológica del daño cerebral para ser abordada como un fenómeno complejo, influido también por factores cognitivos, ambientales y ocupacionales. Esta aproximación permite diseñar estrategias de rehabilitación más integrales, orientadas a mejorar la participación de las personas en su vida diaria y responder de mejor manera a las demandas reales de su entorno.
Para Salas, instancias como el Congreso Chileno de Enfermedades Cerebrovasculares son fundamentales para ampliar la discusión sobre aspectos que históricamente han tenido menor visibilidad dentro de la atención del ACV: “Tradicionalmente, gran parte de la atención se ha centrado en el manejo hospitalario agudo y la rehabilitación subaguda del ACV, mientras que aspectos relacionados con la rehabilitación neuropsicológica y las necesidades de largo plazo han recibido menor visibilidad”, señaló.
La participación en el encuentro permitió además intercambiar experiencias con especialistas de distintas regiones del país, conocer iniciativas desarrolladas en diversos contextos asistenciales y generar oportunidades de colaboración para fortalecer la investigación y la práctica clínica en el área.
En ese contexto, el académico destacó la necesidad de seguir fortaleciendo la rehabilitación neuropsicológica como parte integral de la atención a personas que han sufrido un accidente cerebrovascular, promoviendo además una mayor incorporación de estas problemáticas en las políticas públicas y en los modelos de atención en salud.
“Es necesario seguir visibilizando las necesidades que enfrentan las personas después de un ACV y avanzar hacia estrategias de rehabilitación que consideren no solo la recuperación física, sino también los desafíos cognitivos, emocionales y sociales que afectan su vida cotidiana. Reconocer la fatiga como una secuela relevante es un paso fundamental para mejorar las oportunidades de participación y la calidad de vida de los pacientes y sus familias”, concluyó.
