Nuevos proyectos y desafíos de la Clínica Psicológica UDP. Entrevista a su directora, Albana Paganini
05 / 06 / 2017
A un año de haber asumido como directora de la Clínica Psicológica de la Facultad de Psicología de la Universidad Diego Portales, Albana Paganini nos cuenta sobre los nuevos proyectos en los que está trabajando junto a su equipo y el positivo crecimiento que han tenido en el último tiempo, principalmente debido a una política de vinculación territorial y a la atención de excelencia que entregan a sus pacientes.
La Clínica Psicológica de la Facultad de Psicología de la UDP cuenta con un equipo interdisciplinario compuesto por psicólogos, psiquiatras, asistente social y psicopedagoga, con experiencia y capacidad de apertura para enfrentar las transformaciones sociales y culturales de nuestro país. Esto implica un perfil docente- clínico que contribuye a la formación clínica de los estudiantes de la Facultad de Psicología UDP, en el entendido de que nuestra facultad tiene el cometido de formar psicólogos insertos en la realidad social y emergente del país. Para ello, la clínica ha formulado un proyecto de desarrollo que abarca diversas líneas de trabajo.
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¿Cuáles son estas líneas de trabajo?
El primer paso fue estrechar los vínculos de trabajo con la carrera de psicología en el ámbito de la formación clínica. En la actualidad estamos trabajando de manera coordinada con el equipo de la dirección de la carrera y la coordinadora del área clínica, para contar con una mayor presencia en el pregrado. El trabajo realizado ha dado sus frutos y en la actualidad estamos elaborando documentos de trabajo y protocolos de atención clínica en forma conjunta. Se trata en definitiva de integrar la clínica a la carrera, no sólo como un espacio que presta apoyo al desarrollo de la formación profesional, sino que también como un espacio que contribuye activamente a la formación profesional, aportando propuestas e iniciativas para el beneficio mutuo.
La segunda línea de crecimiento que nos planteamos convoca a la Unidad de Postgrado de la Facultad de psicología UDP y para ello no solo tenemos postitulantes que prestan servicios en nuestra clínica, sino que además, estamos proponiendo un proyecto de formación continua en diversos ámbitos del desarrollo profesional. Nuestros pasantes a futuro se beneficiarán de un programa de formación clínica, que tendría el estatuto de una especialización en psicología clínica.
¿En qué consisten las pasantías?
Nuestra clínica siempre tuvo pasantías, la diferencia es que hemos formalizando esa experiencia. Partimos creando un reglamento que regula la formación y permanencia en la clínica, así como un programa de trabajo que abarca los ejes esenciales de la formación clínica: atención de pacientes, supervisión, recepción de pacientes en sala espejo, ateneos clínicos y grupos de estudio. Estos ejes se distribuyen en un programa de 15 horas semanales que tiene una duración de un año.
En este momento contamos con tres pasantías específicas: una en formación clínica psicoanalítica con niños y adolescentes, otra en clínica psicoanalítica con adultos, y por último, una en formación clínica sistémica. Nos proyectamos para el año próximo abrir otra pasantía en neuropsicología.
¿Quiénes pueden postular a las pasantías?
Pueden postular psicólogos titulados provenientes de todas las universidades que deseen formarse como psicólogos clínicos. Para esto, creamos criterios de admisión y selección de postulantes, ya que nos interesa mantener la excelencia, seleccionando a los mejores candidatos. En los últimos años las mallas curriculares de pregrado son generales y la formación clínica implica un nivel de experticia asimilable a una especialización propia de un posgrado. A nuestra clínica postulan jóvenes psicólogos que desean justamente comenzar a especializarse en ese ámbito, es un programa que sienta las primeras bases del desarrollo profesional y estimula la posibilidad de que los pasantes puedan continuar sus estudios a través de postítulos o programas de magíster. Podríamos decir que nuestra meta es convertirnos en un espacio reconocido de formación profesional. En este momento contamos con 13 pasantes y nuestra meta es duplicar esta cifra para el próximo año.
¿Existe otro eje de formación que piensen desarrollar?
Si, existen temas específicos propios de la formación clínica que no se abordan en las mallas curriculares de pregrado. Para cubrir ese espacio, hemos creado cursos de extensión y cada semestre dictamos al menos tres cursos. En este momento tenemos tres abiertos: uno sobre recursos diagnósticos con niños, otro sobre la clínica de lo traumático y otro sobre primeros episodios psicóticos. Para el segundo semestre ya estamos programando otras propuestas que muy pronto difundiremos en nuestro sitio web.
¿Cómo han abordado el tema de la vinculación con el medio?
Ese es uno de nuestros polos de crecimiento fundamental. Nuestro objetivo es desarrollar una política territorial que nos integre a la red de servicios que ofrece la comuna, estimulando convenios con instituciones enclavadas en nuestra zona y potenciando un trabajo sostenido con ellas. En este contexto, los niños que se educan en los colegios y jardines infantiles de la Ilustre Municipalidad de Santiago, se benefician con los servicios que prestamos en la clínica, y de la misma forma, los institutos de formación profesional ubicados cerca de nosotros y los vecinos que deseen de forma espontánea solicitar atención psicológica.
Además, hemos ampliado la forma de relacionarnos con la comunidad, ya que los pacientes no sólo vienen a nuestra clínica, sino que también nosotros vamos a las instituciones cuando nos piden colaboración en temas específicos. Por ejemplo, el año pasado organizamos un taller para adolescentes del Liceo 1 Javiera Carrera, donde se apoyó a las alumnas en el proceso de egreso y la preparación para la PSU, considerando el nivel de ansiedad que genera esa prueba. Además, en la actualidad tenemos dos talleres de expresividad motriz que beneficia en forma gratuita a los niños que estudian en la comuna.
Nuestro anhelo es contar con una clínica abierta a la comuna que no sólo preste los servicios tradicionales, sino que también sea un espacio comunitario abierto. Es decir, pensamos en una clínica psicológica que también desarrolle a futuro un trabajo comunitario.
¿De dónde son derivados los pacientes que llegan hasta la clínica?
Existen dos formas de llegar a nuestra clínica: una es la derivación que realizan las instituciones, en donde se nos solicita atender a un usuario, que es una derivación formal y en función de eso el consultante nos pide la hora. La otra modalidad es lo que llamamos demanda espontánea, un consultante nos toca el timbre y pide una hora de atención en forma directa.
Nosotros tenemos un lema que sustenta nuestro trabajo, y es que funcionamos de la misma forma que en nuestras consultas privadas, atendemos a nuestros pacientes con la misma frecuencia y con el mismo encuadre que una consulta particular, ya que no debemos repetir modalidades de atención que contribuyan a aumentar la brecha de la desigualdad en materia de salud mental en nuestro país. Si comenzamos a pensar en modalidades de atención para pacientes sin recursos como un a priori, terminamos naturalizando la pobreza con la gravedad que desubjetivamos a nuestros pacientes. Nos parece que en ese punto en donde debemos ser muy cuidadosos y este año en nuestras primeras jornadas en salud mental seguramente abriremos el tema a la discusión pública.
¿Qué destacarías de la Clínica Psicología de la UDP?
Hay muchas cosas que destacar, la excelencia del equipo profesional, lo que acabo de mencionar anteriormente en relación a nuestros consultantes, etc. Sin embargo, destacaría lo que nos define, que es construir un pensamiento clínico que restituya al sujeto.
Existen en la actualidad formas de desubjetivación muchas veces silenciosas y violentas, como la marginación y la indiferencia, que pueden llegar a transformarse en prácticas clínicas utilitarias, que eliden el encuentro con el semejante. Pensar a nuestros pacientes es alojarlos ya en un lugar, tal como señala Silvia Bleichmar: la presencia insoslayable del semejante se encuentra en el fundamento mismo de una ética. En el encuentro con el otro, el sujeto no sólo se alimenta, sino también se articulan las tensiones subjetivas con el mundo. Más allá de los cambios históricos y contractuales, hay valores del contrato interhumano que exceden lo circunstancial, premisas esenciales que constituyen modos de subjetivación que nos parece que deben ser pensados y restituidos en nuestro trabajo clínico actual. Máxime cuando se escucha con frecuencia lo que sirve y no sirve, lo que es útil o inútil, etc. Quienes hacemos clínica en la actualidad pensamos en los problemas transferenciales que se despliegan en una sociedad que instrumentaliza nuestra práctica clínica. Antes como clínicos pensábamos en los avatares de la transferencia, hoy pensamos cómo puede advenir la transferencia, motor de nuestro trabajo, si el otro no tiene un estatuto de semejante. Yo diría que pensar la clínica en la actualidad es justamente discutir este problema nuevamente: la ética de la clínica, ojo digo ética y no moral. Me refiero en forma específica al reconocimiento del semejante y me he llegado a preguntar cómo se constituye el semejante en la actualidad.
¿Cuáles son tus proyecciones a futuro?
Tenemos muchas ideas y proyecciones, este espacio es apasionante, hay mucho para hacer y para pensar. Destaco y reconozco que tenemos la suerte de trabajar en un espacio universitario que nos permite desarrollar nuestras ideas, claro que muchas veces nos limitan los recursos, eso es indudable, pero podemos ser creativos y si nos mantenemos vivos en la creatividad definimos un horizonte posible de proyectos a desarrollar. Queremos crecer como Clínica Psicológica UDP y poder ir diversificando nuestras modalidades de trabajo.
Tenemos pensado para el próximo año abrir un espacio para adolescentes, ya que la alta demanda de consultantes adolescentes nos obliga a pensar en un modelo posible de atención específica. Necesitamos investigar los motivos actuales de consulta de una población en donde la estadística de la Organización Mundial de la Salud señala que hay una alta tasa de suicidio. En un mes viajo al extranjero y voy a aprovechar de conocer programas de trabajo en salud mental adolescente, formas innovadoras, modelos de salud desmedicalizados que abordan la problemática actual de la adolescencia.
También estamos evaluando tener una unidad neuropsicológica, coordinados con el Laboratorio de Neurociencias de la Facultad de Psicología UDP. Ese es otro eje de vinculación entre la clínica, la carrera y los centros, que nos permitirá tener un punto en común de articulación, para realizar evaluaciones neuropsicológicas a pacientes que no tienen recursos, lo que sin duda constituye un marco diferencial de nuestro trabajo. En definitiva, tenemos un campo de crecimiento amplio que debemos ir construyendo paso a paso.
