Elisa Ansoleaga lidera estudio que establece relación entre violencia laboral y salud mental en Chile

La académica y nueva directora del área de Investigación de la Facultad de Psicología UDP, habla sobre los resultados finales de su estudio, los cuales muestran cómo influyen factores como las condiciones laborales, los modelos de organización del trabajo y la vulnerabilidad laboral, en problemas de salud mental como la depresión y el estrés, sobre todo en mujeres trabajadoras en nuestro país. 

La académica, investigadora y ahora directora de Investigación de la Facultad de Psicología UDP, Elisa Ansoleaga, se encuentra en la etapa final del proyecto Fondecyt 1170239 ”Prevalencia, formas de manifestación y factores facilitadores de la violencia laboral, y sus efectos en la salud mental en población asalariada en Chile atendiendo desigualdades sociales y de género”, realizado en alianza con las investigadoras del Centro de Estudios de la Mujer (CEM), Ximena Díaz y Amalia Mauro, y el investigador UDP, Juan Pablo Toro.

El estudio aborda la relación entre la violencia laboral y la salud mental de la población trabajadora, entendiendo el concepto de violencia laboral como “amplio y controvertido y que, en consecuencia, existen modelos diversos para abordarla. Nosotros trabajamos desde un modelo conceptual que incorpora dimensiones organizacionales para comprender la violencia, es decir, las organizaciones pueden limitar la existencia de violencia o bien promoverla”, señala la académica.

El objetivo de la investigación fue estimar la prevalencia de violencia en población trabajadora, identificar sus principales formas de manifestación e interrogar por el papel que juegan las desigualdades sociales y de género en el mercado de trabajo respecto de este asunto. Para esto, la metodología constó de una encuesta de hogares en el gran Santiago, gran Valparaíso y gran Concepción, en una muestra aleatoria y polietápica de población asalariada de 20 o más años, siendo la muestra final de 1995 casos, entre los cuales las mujeres estuvieron sobrerrepresentadas. 

Según la investigación, no es acertado entender la violencia como un mero asunto interpersonal, y aunque, sin duda, en ella contribuyen factores individuales e interpersonales, en el espacio de trabajo son las organizaciones quienes tienen el deber de impedir el surgimiento de esta. 

“Cuando decimos que la violencia laboral puede ser promovida o limitada por las organizaciones, no estamos pensando en algunos seres malévolos que se proponen su existencia, sino más bien que la violencia es el resultado, por ejemplo, de un mal diseño y organización del trabajo, la falta de claridad de rol que ejercen las personas, la sobrecarga de trabajo y liderazgos autoritarios o laissez faire, entre otros elementos precursores de situaciones de violencia laboral”, explica Ansoleaga. Asimismo, la investigación observó que una condición habilitante de cualquier tipo de violencia -y de la violencia laboral también- es la asimetría o desbalance de poder. Teniendo esto en consideración, se concluyó que la violencia es selectiva y se ejerce hacia grupos específicos que tienen menor poder, sea este formal (jerarquía organizacional) o social, donde hay ciertos grupos más expuestos: mujeres, migrantes, etnias, población LGTBIQ+, entre otros.

Luego del análisis de datos recogidos por la encuesta, los resultados que se pudieron encontrar en Chile fueron los siguientes:

-Un 8,5% de las mujeres y un 4,5% de los hombre declaró haber sido objeto de conductas negativas frente a las cuales tuvo dificultades para defenderse en los últimos seis meses. Entre aquellos que señalaron ser víctimas de acoso, una de cada cuatro mujeres y un 14% de los hombres dijeron que esto ocurra a diario o casi todos los días, observando una clara diferencia de género.

-Respecto de las formas de manifestación de la violencia, la violencia psicológica es, por lejos, la más prevalente (11,6% en mujeres y 8,5% en hombres), encontrando nuevamente diferencias de género. En el caso de las mujeres, le sigue la violencia sexual y luego la violencia física.

-Respecto del estado de salud de la población trabajadora, la mayoría, hombres y mujeres, señalan que su salud general es buena o muy buena, sin embargo, cuando se les preguntó por indicadores de salud mental se encontró que un 16% de mujeres presenta síntomas depresivos versus un 8% de los hombres. Un 18% de las mujeres presenta distrés y un 12% de los hombres, y en cuanto al consumo de psicotrópicos, en población trabajadora se encontró que un 18% de mujeres y un 9% de los hombres consumen todos los días o casi todos los días hipnóticos, ansiolíticos o antidepresivos.

-Uno de cada tres trabajadores/as percibe que cotidianamente es víctima de incivismo, concepto que refiere a conductas descorteses y poco respetuosas en el lugar de trabajo, y que pueden o no tener la finalidad de hostigar, pero que generan daños en la salud.

-Respecto de las desigualdades sociales, la investigación arrojó que existe una importante proporción de trabajadores que perciben vulnerabilidad laboral (39% mujeres y 33% hombres), referida a aspectos vinculados a la inseguridad y el temor a perder el empleo, a que empeoren las condiciones laborales y a recibir un trato injusto de sus superiores, entre otros elementos. 

A modo de conclusión general, la investigación muestra resultados coincidentes con lo que refiere la evidencia empírica internacional: trabajadores expuestos a violencia laboral tienen más chance de presentar problemas de salud mental al compararlos con los no expuestos.

Asimismo, la vulnerabilidad laboral también juega un rol en el resultado de la salud mental: aquellos que perciben vulnerabilidad laboral tienen un mayor riesgo de presentar problemas de salud mental. 

Así lo advierte Ansoleaga, quien destaca que “parte de la explicación de por qué Chile tiene pésimos indicadores en materia de salud mental, podemos atribuirlo a los determinantes sociales de la salud. En el caso de la salud mental vinculada con el trabajo, las cifras han aumentado exponencialmente en los últimos años, y a través de la investigación que hemos desarrollado en la última década, podemos decir que contamos con evidencia para señalar que las condiciones y los modelos de organización del trabajo actual, donde la violencia está presente y naturalizada, están generando daños a la salud de las y los trabajadores”.