Valentina Valech, directora Ashoka Chile y escogida como una de las 100 jóvenes líderes 2018

La psicóloga UDP Valentina Valech recientemente ha sido escogida entre los 100 jóvenes líderes que publica Revista “Sábado” de El Mercurio en su cargo de directora ejecutiva del capítulo chileno de Ashoka, una de las redes de emprendedores sociales más importantes del mundo, cuyo principal foco está en identificar e impulsar proyectos que buscan solucionar problemas sociales.

Egresada de la Escuela de Psicología UDP el año 2008, Valentina Valech desde muy joven se ha comprometido en diferentes actividades sociales que le mostraron el impacto directo que podía hacer en la vida de las personas, tomando un rol activo para crear cambios. Interesada en las humanidades y las interacciones sociales, decidió estudiar Psicología.

Tras graduarse de la Escuela de Psicología UDP, trabajó en la área de Recursos Humanos en un Banco Internacional, siendo su  principal objetivo personal: identificar talentos y nivelar las motivaciones de la gente a las de la compañía, a modo de crear sistemas fluidos y conectados.

“Al venir de una familia de emprendedores, Valentina también ha realizado proyectos personales. Más recientemente ha desarrollo un fuerte interés en la educación, basado en la experiencia educativa de sus hijos, y empezó una iniciativa para construir una comunidad de aprendizaje a nivel ecosistémico en Chile”, informa la página de Ashoka Chile.

En diciembre fue entrevistada por la periodista Antonia Domeyko para Revista Ya, donde habló sobre los liderazgos horizontales:

1. Mi papá era emprendedor desde chico, venía de una cultura árabe, todos muy emprendedores, y fue papá súper joven, entonces siempre estuvo como creando su propio camino. En ese crear hubo éxitos y fracasos, pero siempre desde el hacer. Si terminaba un proyecto, altiro empezaba con otro. Mi mamá también fue mamá súper joven, no terminó la carrera de Arquitectura, y siempre hizo cosas muy distintas, trabajó des-de en un banco hasta en un colegio, nunca tuvo miedo al hacer; y aunque se puede haber sentido poco preparada, se movía hacia adelante. En esa misma lógica, yo tiendo a moverme hacia adelante y, se puede decir, a “pedir más perdón que permiso”. Mi esencia es hacer, moverse, desafiarme, y en el camino si me doy cuenta de que estoy equivocada, me reposiciono para seguir avanzando.

2. Soy exigente sobre todo en la gestión, no me gusta que no se avance en los sí ternas ni en las ideas. Pero he aprendido que los ritmos son diferentes y que en recorridos más lentos se puede llegar al mismo valor. También que, aún cuando la gestión es importante, hay que decantar las ideas y que “hiervan” un poco.

3. La frustración la enfrento respirando, y ahora que estoy embarazada, conectándome con mi guagua y mis otros niños. De inmediato me acuerdo de que las cosas más importantes están en otro lado.

4. Creo en los liderazgos horizontales, donde jugamos con saberes transdisciplinarios, con diferentes lenguajes y sabidurías. Soy testigo de que el liderazgo vertical está quedando atrás, y que los jóvenes se muestran desde otro espacio, entendiendo que todos tienen alguna tecla que tocar en la generación de soluciones. Me ha servido mucho dar espacios de libertades y creer profundamente en el trabajo colaborativo, en “equipo de equipos”. De esta manera, lograr miradas distintas que lo-gran la generación de valor. Y esa nueva mirada es un desafío para todos.

5. Dejar los miedos e inseguridades a ser valoradas, y siempre avanzar, es fundamental para que una mujer llegue a un cargo alto. Creo que he logrado recorrer mi camino teniendo seguridad de que puedo avanzar desde mis creencias y propios sueños. Las mujeres hablamos desde otra mirada: menos competitiva, más colaboradora. Eso siempre va a ser una ventaja, sobre todo en un mundo donde el trabajo colaborativo no es una ventaja, es una necesidad. La dificultad que me ha tocado a mí es que se espera que una en ciertas posiciones hable desde el mismo lenguaje del hombre y que esa es la manera validada. Mi aprendizaje ha sido que sí se puede liderar desde un lenguaje distinto, y tener un buen liderazgo.